INVESTIGACIÓN

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El hombre de los tsunamis

Marcelo Lagos

El hombre de los tsunamis

Marcelo Lagos es uno de los pocos expertos de estos fenómenos en Chile y su rol ha sido clave para entender lo que pasó en febrero de 2010. Su ejemplo, además, está siendo vital para la formación de expertos en el área, no solo en nuestro país sino también en el resto de Latinoamérica.

Hace quince años que el geógrafo Marcelo Lagos (39) está dedicado a entender los tsunamis. Surfista, creció entre las leyendas sobre las enormes olas que han barrido en repetidas ocasiones las costas de Arica.

Hasta hace un año y medio su foco de trabajo era "el gigante" de 1960, como él lo llama: el terremoto y posterior maremoto de Valdivia, el más grande registrado hasta ahora. Pero el sismo de 8,8 grados en la escala de Richter del 27 de febrero de 2010 acaparó su atención.

Hoy, su tiempo se divide entre la docencia, la confirmación en terreno de sus teorías y las múltiples asesorías al gobierno y a municipios para evitar que un nuevo tsunami golpee una costa tan indefensa.

Un megaevento como ese para estudiar, casi en tiempo real, y un nuevo "gigante" ocurrido en marzo de 2011, en Japón, han reenfocado y reimpulsado la investigación del científico. Ya no se trata de analizar los datos de un evento del pasado, sino de masticar en vivo la gran cantidad de información de los últimos acontecimientos. Con esto, asegura, ha avanzado enormemente en su trabajo porque ha validado con la experiencia en terreno lo que hasta ese momento solo era parte de sus teorías.

"Son pocas las oportunidades de estudiar directamente un evento como este cuando impacta zonas pobladas", explica. Preguntas sobre el comportamiento de la materialidad de las viviendas, de los bosques ubicados en las costas, de las alturas máximas hasta dónde llegó el agua, y la comprobación de que ondas pueden quedar atrapadas y convertirse en olas devastadoras horas después, entre otros temas, son parte de lo que él y otros científicos han podido medir directamente. "Después de febrero de 2010 avanzamos un montón desde el punto de vista de la ciencia", dice.

A la cabeza del Laboratorio de Investigación de Tsunamis del Instituto de Geografía de la Universidad Católica, Marcelo Lagos –licenciado en Geografía, 1996, UC; doctor en Ciencias Ambientales, 2009, Universidad de Concepción– se centra en el potencial riesgo de los maremotos.

"Entender en detalle el fenómeno físico es fundamental para saber cómo interactúa con la vulnerabilidad de los asentamientos costeros", explica. La complejidad del estudio radica, agrega, en la multifactorialidad de esa vulnerabilidad, donde son igual de importantes los aspectos sociales, ambientales, económicos y físicos.

En esta línea, el terremoto de 2010 ha sido fundamental. "La magnitud de la destrucción que tuvo el tsunami dejó en evidencia el camino que tenemos que recorrer y el vacío que tenemos, tanto en normativa como en diseño y planificación urbana, el ordenamiento de territorios costeros y la educación de la gente", dice.

Para reducir esa deficiencia, el científico ha liderado un conjunto de trabajos destinados a definir la mejor forma de tener asentamientos costeros capaces de soportar el impacto de futuros tsunamis, resilientes a la amenaza. Desde cómo urbanizar las zonas en peligro, cómo forestar y hasta determinar la obras estructurales adecuadas para atenuar los efectos de la entrada del agua, son parte de los objetivos.

Según el investigador este es un proceso vital y una "oportunidad de aprender lecciones para futuros eventos". Y casi como si la misma naturaleza quisiera reafirmar ese llamado de atención, el terremoto de Japón trajo el recuerdo al presente.

"Es el país más desarrollado en el mundo en lo que se refiere a tsunamis y en marzo de 2011 fue sobrepasado totalmente porque no estaban preparados para el gigante que enfrentaron: ¡Tomó por sorpresa incluso a los científicos!", asegura.

Pero, al igual que Chile, ellos no solo están en proceso de reconstrucción, sino también de investigación, como para no cometer errores pasados tanto en prevención como en la forma de volver a levantar los asentamientos costeros. "Van a tener que crear una serie de métodos de desarrollo urbano, de infraestructura crítica y de reubicación, los que pueden ser un gran input para lo que tiene que hacer nuestro país", opina.

El investigador está asesorando directamente al Ministerio de Vivienda y Urbanismo en la reconstrucción del borde costero para estimar las posibilidades reales de que un maremoto afecte la seguridad de personas y viviendas. También forma parte del comité de expertos de asesores del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) en la investigación y nuevos desarrollos para manejar el riesgo de tsunamis, que buscan evitar los errores y terminar con el desconocimiento sobre el riesgo vivido en febrero de 2010.

A ello se suman varios estudios de riesgo de ciudades y localidades como Maullín, Lebu, Penco, Constitución, Dichato, Llico, Tubul, Valparaíso, La Serena, Antofagasta, Iquique y Arica. Ese trabajo no solo se orienta a definir las zonas inundables, sino también le da la posibilidad de, en paralelo, levantar datos para hacer investigación.

Con todos los grandes eventos que se han sucedido en las últimas décadas, asegura, se está dibujando un patrón de sismicidad en ciclos y superciclos, los que pueden durar varios siglos y tener magnitudes extraordinarias como el último terremoto en las costas niponas. "Desconocemos el patrón de incubación y es algo en lo que debemos concentrarnos", señala.

"Existe una numerosa gama de eventos naturales extremos donde se puede manejar la emergencia", dice. Pero los tsunamis "son tan altamente energéticos, que manejarlos dando una alerta temprana es algo muy complejo porque se requiere de tecnología muy sofisticada y hoy no la tenemos. Hay avances, pero no podemos solo esperar por ella, tenemos que educar a la gente al mismo tiempo", advierte Marcelo Lagos.

El maremoto de 2010 también le ha dado a este investigador una gran oportunidad de mostrar la importancia de su especialidad. Parte de su trabajo ha sido ir y conversar con las comunidades. "La forma de tener a la gente preparada es tenerla educada", agrega. Para él, dimensionar la real percepción del riesgo que tienen los lugareños es crucial.

¿Qué condiciones físicas hay en cada zona, cuántos menores de 14 años y adultos mayores hay, cuántas mujeres solas con hijos deben evacuar, qué nivel de educación tiene el jefe de hogar, cuáles son los materiales de las viviendas, el número de pisos de éstas y a qué distancia de las zonas de seguridad se ubican? Todas estas son solo partes de las preguntas que permiten armar el mapa que guiará los planes de emergencia en los que trabaja Marcelo Lagos.

La forma de incluir a la población en dichos planes es compleja, porque hay muchos factores emocionales y de otro tipo que entran en la ecuación. Por ejemplo, uno de los mayores problemas que enfrentan las autoridades para definir las áreas seguras es la relocalización de los asentamientos.

"Chile no está preparado para las expropiaciones costeras", asegura. Por ello, "nos hemos concentrado en evaluar cómo las medidas estructurales pueden proteger a los asentamientos costeros preexistentes".

para disminuir la vulnerabilidad de los asentamientos costeros, es necesario entender cómo los afecta la entrada de agua producto de los maremotos

Del laboratorio a la divulgación

"A diferencia de un paper científico que solo lo ven unas pocas personas, en cinco minutos en un matinal me ven 5 millones", dice Marcelo Lagos refiriéndose a su reciente faceta de rostro televisivo.

"El tsunami cobró vidas inocentes porque las instituciones no reaccionaron adecuadamente. Los que tienen que tomar decisiones no sabían a qué se enfrentaban, a pesar de que los paper estaban publicados", reflexiona. "Hay una distancia abismante entre la toma de decisiones y la ciencia", enfatiza.

Por eso, como luego del terremoto eran tantos los medios que pedían su ayuda para tratar de explicar lo que había pasado, nació en él la idea de sistematizar esa entrega de información. Así llegó a uno de los matinales más vistos de la televisión chilena, "Buenos días a todos".

Confiesa que su primera preocupación fue el tema de la sobreexposición. Lo conversó con su familia y con sus pares, algunos de los cuales le advirtieron sobre el riesgo de "farandulizarse" como científico. Pero él sopesó la importancia de la tribuna que le ofrecían y aceptó. "Hoy, en Chile, la gente que toma decisiones en el manejo de emergencias ve televisión y si puedo aprovecharla para que me vea todo el mundo, lo voy a hacer", dice convencido.

Y la decisión parece haber sido acertada. Luego de su primera incursión televisiva, que terminó a fines de 2010, otro canal lo llamó a principios de 2011. En ambos espacios no solo habla de tsunamis sino de muchos otros eventos geológicos, que, para él, deben estar en el conocimiento colectivo.

"La televisión me ha permitido llegar más directamente a las comunidades, que son vulnerables", dice enfático. Una sola aparición y en su correo se acumulan un par de cientos de preguntas que vienen remitidas desde empresarios hasta dueñas de casa en Chiloé, cuenta.

Esto también le ha permitido expandir las fuentes de financiamiento para su ciencia. Tiene un proyecto Fondecyt en curso, pero asegura que gran parte de su producción científica actual viene de la coyuntura de las diversas actividades en las que está participando. Esto se traduce desde medir las alturas de las últimas olas hasta verificar dónde llegaron las provenientes de tsunamis pasados para poder crear un historial de recurrencia de los fenómenos.

También es importante, dice, estar atento a lo que pasa en toda la cuenca del Pacífico, ya que todos los países costeros están expuestos. Un ejemplo de ello es el estudio de las alturas de las olas que produjo el tsunami de Japón de 2011 en Chile. "Nunca las habíamos medido", asegura el científico. A ello se suman los estudios que hizo en Japón mismo sobre las consecuencias del desastre a menos de un mes del terremoto. Esos resultados son extrapolables a lo que pasa en el país, de ahí la importancia de estudiarlos en terreno, explica.

Marcelo Lagos cree que aunque en Chile varios profesionales se han interesado en estudiar los tsunamis después de febrero de 2010, aún es grande la incógnita a nivel mundial de por qué cada año mueren más personas. "Algo está mal y hay que repensar lo que se está haciendo. El desconocimiento de estos eventos rige el destino del mundo", asegura.

Por ello, entre sus planes está el publicar libros que se transformen en manuales metodológicos, para que quienes deseen estudiar el riesgo de tsunamis lo hagan con propiedad. La docencia no solo la ejerce en la UC, sino también es parte de numerosas comisiones de doctorado en otros países, siendo México uno de los lugares donde más se ha concentrado últimamente. Hoy, por ejemplo, guía a tres estudiantes de la Universiad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"La incertidumbre, el desconocimiento, es lo que nos puede hacer daño. Los tsunamis siempre van a estar presentes, por lo que no podemos bajar la amenaza pero sí disminuir la vulnerabilidad de las personas", recalca.