INVESTIGACIÓN

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El ingeniero que impide que los edificios tiemblen

Juan Carlos de la LleraEl ingeniero que impide que los edificios tiemblen

El decano de la Facultad de Ingeniería, Juan Carlos de la Llera, lleva 15 años creando y probando dispositivos que disminuyen los daños que producen las ondas sísmicas en las estructuras. Estos pasaron la prueba con el terremoto del 27/F en Chile y ahora también lo harán internacionalmente.

Esto es mucho más fuerte que el terremotoque esperábamos, dijo Juan Carlos de la Llera, decano de la Facultad de Ingeniería de la UC, mientras el suelo se movía violentamente la madrugada del 27 de febrero de 2010. Su primer pensamiento se fue hacia cada construcción que estaba siendo remecida, especialmente hacia aquellas a las que él había aislado para evitar que sufrieran daños.

Esto se explica ya que el académico lleva 15 años estudiando la mejor forma de lograr que edificios y  estructuras resulten indemnes al embate de los terremotos de gran magnitud. La prueba de fuego fue justamente aquel día, cuando la decena de edificaciones que tenían su tecnología incorporada no sufrieron mayores daños.

La principal línea de investigación de Juan Carlos de la Llera desde que volvió a Chile –después de hacer su doctorado en la Universidad de Berkeley, EE.UU.– han sido los aisladores y disipadores de energía. Los primeros sirven como puente entre las ondas que se transmiten de la tierra y las estructuras, disminuyendo así el efecto destructivo de las primeras en las segundas. Mientras que los disipadores de energía ayudan a que la estructura reciba con menor intensidad la aceleración que produce el movimiento.

Estos aisladores pueden reducir entre 6 y 8 veces los efectos del movimiento y los disipadores de energía, como los instalados en el edificio Titanium, bajan hasta en 40% la deformación de la estructura.

Made in Chile

Torre Titanium y sistema de protección sismica con disipadores de energiaHoras después de ocurrido el sismo, Juan Carlos de la Llera fue a verificar personalmente cada edificio aislado y "todos lo soportaron perfectamente". En Santiago, la Clínica San Carlos de Apoquindo de la UC y el Hospital Militar no sufrieron daños en la parte aislada, en contraste con lo que pasó en las zonas de los respectivos edificios donde no estaba la tecnología incorporada. El edificio Titanium solo tuvo una loza destrozada y en el edificio San Agustín, en el campus San Joaquín de la UC, no se cayó ni un solo frasco de los laboratorios.

Pero lo que más impresionó a De la Llera fue el muelle Coronel, que estaba mucho más cerca del epicentro y que fue el único que quedó operativo en la zona. "No lo podía creer", confiesa el ingeniero.

Tras esa alegría inicial, el académico y su equipo tuvieron que abocarse a ayudar a empresas privadas a reparar edificios con daño e incluso al Ministerio de Obras Públicas con demoliciones en las zonas más afectadas. "Fue de dulce y agraz", dice.

No había mejor prueba que pudiera confirmar que los dispositivos no fallaban. Y no solo en Chile estaban conscientes de ello, los ojos extranjeros también fueron testigos.

Si bien la investigación y prueba de los dispositivos se hacen en un laboratorio instalado en el campus San Joaquín de la UC, es a través de la empresa en que es socio, Sirve, desde donde sale la tecnología al mercado. "Siempre he sentido que si retienes el conocimiento en la universidad o lo dejas en un journal es súper bueno, pero para mí el sueño desde que empecé era que se convirtiera en algo real", cuenta.

Tal ha sido el éxito de la empresa y los dispositivos, que en julio de 2011 recibió el Endeavor Award, premio que se entrega por primera vez y que destaca al emprendedor del año que personifica a nivel mundial el Espíritu Endeavor. El profesor fue escogido entre más de 500 emprendedores de América Latina, Medio Oriente, Europa, Sudáfrica y Estados Unidos.

Sin preocuparse de los premios, el académico no deja de concentrarse en el trabajo. "El terremoto validó súper bien la tecnología y produjo varios cambios con respecto a ella", asegura.

Convencer a todos

Por 15 años, Juan Carlos de la Llera luchó para hacerse oír y para convencer a todos que esta tecnología  funcionaba y que no era un gasto inútil. Muchas veces pudo haber sucumbido a las trabas, pero asegura que su experiencia en el tenis (donde llegó a competir en torneos ATP hasta que dejó el deporte por la ingeniería) le templó el ánimo y le impidió desistir.

Irónicamente, fue el 27/ F el empuje final. "El primer cambio fue el aumento sustancial de la demanda por estas tecnologías", cuenta. "Hizo que a otros fabricantes mundiales les interesara Chile para venir a instalar sus productos. Nosotros abrimos un mercado, pero hoy la competencia es más dura", explica.

Eso no le amilana en lo más mínimo. "Llevamos bastante ventaja localmente y Chile ha sido un muy buen ejemplo del uso y validación de nuestra tecnología", agrega.

Pero tal vez lo más importante para el ingeniero es que, por fin, se derribaron las barreras de quienes desconfiaban de la aislación sísmica. "Hoy, algunos de los enemigos más acérrimos de esta tecnología son representantes de empresas internacionales del área. Es la misma gente que en el pasado se había opuesto a ella por desconocimiento o falta de confianza", afirma. Incluso, dice, muchos investigadores internacionales vinieron a mirar lo que había pasado para llevar la experiencia a sus respectivos países.

Lecciones que aprender

Este terremoto, asegura, fue particularmente malo para las estructuras altas que habían funcionado espléndidamente en el sismo del 85. Por ello, ha empezado a desarrollar nuevos sistemas, adaptaciones especiales de la tecnología que ya maneja para este tipo de estructuras.

Pero el megasismo también provocó otro cambio. “Me convencí que había que democratizar, por llamarlo de alguna forma, estos sistemas y que no debían estar disponibles solo para los edificios grandes”, comenta. Se necesita, agrega, de una expansión explosiva. “No solo a viviendas sociales, como ya lo estamos haciendo, sino a cualquier casa. Hace muchos años que partimos con la masificación con el proyecto Elemental, tratando de bajar los costos, pero aún hay mucho por hacer”, explica De la Llera. Aún así, asegura que hoy cualquier casa puede estar aislada sísmicamente a un costo razonable.

Pero no solo la investigación sufrió un nuevo enfoque, cuenta, sino también la gente tomó conciencia de lo ocurrido: “Ingenieros, arquitectos, constructores y dueños ahora son conscientes de que este es un tema súper relevante y no uno más dentro de sus costos”. Aún así el terreno ganado no está seguro: “El factor de olvido es muy importante. A la gente se le quita el susto y la plata comienza a ser el tema crítico y no la seguridad. Hay que estar constantemente recordando la importancia de esta tecnología. Aún así, vamos a quedar un escalón más arriba que antes del terremoto”.

Los otros roles

Ser decano no es muy distinto al resto de sus actividades, asegura Juan Carlos de la Llera: “La investigación tiene un componente muy grande de creatividad, es una innovación continua, donde hay que plantearse las preguntas correctas y mirar los problemas desde otra dimensión. Pasa lo mismo al ser decano. Ingeniería UC es un gran emprendimiento, uno de los más importantes de Chile”, asegura.

Por eso, asegura que le encantaría hacer que Ingeniería UC sea número uno en Latinoamérica: “Creo que es el tiempo de esta región. Europa se encuentra agotada, Estados Unidos también, en muchos aspectos, aunque sigue siendo extraordinario, y por su parte, Asia ya lleva un tiempo en lo alto. Si se mira en perspectiva a futuro, aunque sea una un poco ambiciosa, es el minuto para desarrollarse”.

Sus planes para Sirve también son en grande. En diez años quiere lograr que la empresa sea internacional, pero manteniendo su filosofía donde “los jóvenes con ganas de crear tengan siempre un espacio y que mañana ellos sean los dueños”.

De momento, parte de esos sueños se están cumpliendo. El Fondef que financia sus investigaciones tiene tres solicitudes de patentes en proceso y al mismo tiempo tiene algunos proyectos con Corfo para validar tecnologías.

A ello se suman sus otras actividades. Acaba de publicar una letter en la revista científica Nature que explica cómo se produjo la inesperada erupción del volcán Chaitén en 2008. También tiene extensos trabajos que han medido cuánto se movió el continente tras el 27/ F. Son guiños, dice, a otra de sus pasiones: la investigación científica.

“Me gusta navegar transversalmente”, asegura. “Puede ser que no sea buen científico porque me dediqué a la ingeniería, pero ello no me quita la curiosidad de moverme en estos temas. Eso sí, la única forma en que puedo hacerlo, ser ingeniero, decano, profesor y científico, es con la gente que me rodea. Las buenas ideas necesitan de buenas equipos para ser ejecutadas”, concluye el investigador.