INVESTIGACIÓN

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La ética de Adam Smith en tiempos de crisis

Maria Alejandra Carrasco

La ética de Adam Smith en tiempos de crisis

La profesora del Instituto de Filosofía UC María Alejandra Carrasco ha realizado una fructífera línea de investigación en torno a los pensadores de la Ilustración escocesa, particularmente a la poco conocida "Teoría de los sentimientos morales", de Adam Smith. Allí encontró una serie de elementos que pueden dar luces a la discusión ética contemporánea.

La filosofía vive actualmente tiempos en que las éticas surgidas en la Era Moderna están siendo cuestionadas. ¿Quién dice cuándo una acción es buena o mala? No es fácil llegar a una respuesta. Para Aristóteles, en la ética clásica, lo bueno es lo que señalaría "el hombre prudente". Pero ¿quién dice qué es el hombre prudente?

Muchas corrientes filosóficas han intentado dar con la respuesta sobre qué es lo bueno, pero hoy en día se pone en duda aquello que se impone desde arriba. María Alejandra Carrasco, profesora del Instituto de Filosofía UC, hace una analogía con el comienzo de la Modernidad, cuando se rechazó la ética tomista, que venía de Aristóteles, porque se había mezclado con la teología.

"Entonces se crearon éticas que no apelaran a Dios, como el consecuencialismo (que engloba a las distintas corrientes utilitarias): lo bueno es aquello que trae el mayor bien al mayor número de personas; y, en la otra vereda, la deontología propone que una acción es buena solo si pasa el test del imperativo categórico (creado por Kant), sean cuales sean las circunstancias", explica.

Pero ahora los filósofos se preguntan: ¿Por qué hay que creer en un principio externo que se impone desde arriba, que no toma en cuenta las circunstancias y es totalmente impersonal? La ética de la razón práctica de Aristóteles no era así, explica María Alejandra Carrasco, pero tampoco daban los principios universales que ahora se exigen. El problema es que, sin una teoría que combine estas dos éticas (circunstancias y principios universales), habría que aceptar el relativismo moral, y la imposibilidad de justificar, por ejemplo, la igual dignidad de todas las personas.
Este dilema ha estado siempre presente en los estudios de María Alejandra Carrasco, aunque al principio de un modo velado. Después de estudiar periodismo en la Pontificia Universidad Católica de Chile, se doctoró en Filosofía en la Universidad de Navarra. Su tesis fue publicada en el libro Consecuencialismo: por qué no (EUNSA, 1999). En ese trabajo ella cuestiona algunos puntos de esta teoría ética: "¿Se justifica sacrificar a un pequeño número de personas en virtud del bien de muchas?".
Al volver a Chile, en 2002, se unió a la planta académica de la Facultad de Filosofía UC y a la investigación de los pensadores de la Ilustración Escocesa: Francis Hutcheson, Adam Smith y David Hume. Su primer proyecto de investigación fue "La reconstrucción moderna de la razón práctica en la 'Teoría de los sentimientos morales' de Adam Smith". En esta etapa descubrió que Smith, conocido por La riqueza de las naciones y fundador del capitalismo, era realmente un filósofo moral.
"Es una gran ironía de la historia", dice la investigadora. "Smith es conocido como economista mientras su gran obra es la Teoría de los Sentimientos Morales". En ésta –dice– señala que lo que mueve al hombre es la "simpatía"; es decir, la tendencia a querer ser aceptado por los demás. En su obra económica habla del interés personal, pero no de un interés egoísta como se lo interpretó. Sin embargo, se creyó que había una contradicción y se olvidó su moral.

Desde 2004, la investigadora se ha adjudicado cuatro proyectos Fondecyt en los que indaga en Smith elementos que iluminen al debate actual: una teoría que incluya las circunstancias pero que también tenga normas universales. Para ella, el gran aporte de este pensador es que su noción de simpatía es "bidireccional": Uno y otro desean agradar y ser comprendidos por quien tienen al frente, y se esfuerzan en comprenderse mutuamente para adecuar sus sentimientos hasta un punto de coincidencia. "Smith introduce al espectador dentro de la situación, lo involucra en ella. Esa es una de sus principales diferencias con Hutcheson y Hume", señala.

¿Cómo se lleva esto a la moral? "Yo te miro y veo que no apruebas mis sentimientos parciales. 'Salgo de mí misma' para verme con tus ojos, ser mi propio espectador, y comprender tu rechazo. Allí, mirándome desde fuera, me doy cuenta de que solo soy uno en una multitud de iguales, y ningún espectador aprobará que yo crea merecer más que los otros. Entonces, ¿cómo lograr la simpatía del otro? Actuando imparcialmente, tratando de dejar de lado mis sesgos", comenta la docente.

Por lo tanto, dice María Alejandra Carrasco, la ética de Adam Smith, basada en la simpatía mutua y en la imparcialidad, es una ética que dice que algo está bien si yo actúo del modo que aprobaría un espectador imparcial. El criterio es similar al "hombre prudente" aristotélico, pero ahora con una medida más universal: el espectador imparcial.

"Aquí habría una razón práctica clásica pero con un elemento moderno: la imparcialidad. Y ésta no es un principio externo impersonal, porque sí importan las circunstancias", afirma. Según la investigadora, esta teoría sí sería universal, pero no porque haya un principio a priori que defina el bien y el mal, sino porque a todos los seres humanos nos surge el mismo sentimiento. 


LA SIMPATÍA FILOSÓFICA

Dentro de su actual proyecto Fondecyt –"Hutcheson, Hume y Smith: Evolución y diferencias de los conceptos de simpatía y espectador en las éticas de la Ilustración escocesa y sus consecuencias para su noción de virtud y para la estructura de cada sistema moral"–, María Alejandra Carrasco comprometió dos artículos para revistas especializadas. Uno de ellos ya fue publicado por Adam Smith Review, una revista internacional que reúne a los especialistas en torno a este pensador.