INVESTIGACIÓN

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La mirada de los inmigrantes

Rodrigo canovas

La mirada de los inmigrantes

El profesor Rodrigo Cánovas, de la Facultad de Letras, investiga en los textos literarios de judíos y árabes avecindados en Chile y México para develar así distintos aspectos de la cultura de ambos países.

Una manera de conocernos es saber qué dicen de nosotros. Por eso, los relatos de inmigrantes en un país dan importantes pistas sobre sus habitantes y su convivencia. En busca de esas claves, el profesor Rodrigo Cánovas, del Departamento de Literatura de la Facultad de Letras UC, inició un largo periplo el año 2005.

Apoyado primero por un Fondecyt, partió investigando sobre la literatura de árabes y judíos en Chile. Más adelante, una beca de la Fundación Guggenheim le permitió ampliar este trabajo a la inmigración de estas mismas etnias en México.

"Quise abordar el norte y el sur de América, mirando países como Chile y México, que tienen sociedades hegemónicas. Ni uno ni otro son países de inmigrantes. Y los mexicanos tienen una fuertísima identidad cultural enraizada en sus pueblos originarios. Por eso me interesó comparar la experiencia de inmigración en estos dos territorios", explica. Son dos naciones muy distintas, en las que la inmigración se dio de modo diferente y eso ha quedado registrado en sus letras.

El resultado de esta investigación de varios años fue el libro Literatura de inmigrantes árabes y judíos en Chile y México, publicado a fines de 2011 por la editorial hispano-alemana Iberoamericana Vervuert. Esta obra es el registro de experiencias personales –y a la vez comunitarias– que amplían las fronteras de la identidad cultural hispanoamericana.

En Chile, Rodrigo Cánovas buscó literatura de inmigrantes y se encontró con que la más rica era la de árabes y judíos. Desde que ganó un Fondecyt, en 2005, pasó mucho tiempo investigando los textos de los Centros de Estudios Árabes y Judaicos, de la Universidad de Chile. Allí se sumergió en un mundo que le develó cómo los inmigrantes vivieron la experiencia de intentar integrarse en la sociedad chilena, desde fines del siglo XIX, y cómo las generaciones posteriores han atesorado en sus escritos la memoria de sus abuelos.

Cuentos, poemas, diarios de viaje, autobiografías y novelas van retratando estas sagas. La de los árabes aparece como un todo orgánico, en que las distintas voces van engarzándose para contar una historia colectiva, que parte con experiencias dolorosas en las que la palabra "turcofobia" no tarda en aparecer. En cambio, los relatos de los judíos, dice, no podrían representarse con una línea continua, "sino como una serie de discontinuidades que bosquejan un paisaje difuminado, sostenido por las voces de una tradición histórica y teológica", relata el investigador.

En la primera parte del libro, el profesor Cánovas entrega los datos históricos que muestran quiénes son y por qué vinieron a este rincón del mundo. En el caso de los árabes, se trata de familias de espíritu aventurero –sirios, libaneses, palestinos– que escaparon de la pobreza y de la persecución religiosa, ya que, en su mayoría, eran cristianos ortodoxos. En Chile, gran parte de ellos se convirtió al catolicismo y fue, poco a poco, integrándose. Tras la década del 60, las humillaciones sufridas en la primera etapa fueron quedando atrás. Podría decirse que es una historia con un final feliz.

"En el caso árabe, estamos en presencia de una saga familiar y comunitaria, de las increíbles peripecias por las cuales su gente ha tenido que pasar para conquistar el corazón de los chilenos; una historia de risas y quebrantos que llega a buen término y que merece ser escuchada por la comunidad nacional, a la cual ahora ellos sienten que pertenecen en propiedad", dice Rodrigo Cánovas en su trabajo.

Un texto fundacional de la serie árabe en Chile es Memorias de un emigrante, publicada por Benedicto Chuaqui, en 1942, en el que relata sus aventuras en un barrio popular de Santiago al que llegó siendo niño desde la lejana Holms. Él escribe esta historia muchos años después, cuando es un ciudadano integrado a la sociedad chilena y como un modo de agradecer la acogida que recibió.

En el polo opuesto está la novela de Roberto Sarah, Los turcos (1961), que narra las vicisitudes de una familia de inmigrantes que sufre la intolerancia de los chilenos. En la mayoría de estos textos, entre los que se incluyen –en el nuevo siglo– historias protagonizadas por mujeres, aparecen los lugares de origen: el paisaje, las costumbres, la gente. Sin embargo, señala Cánovas en su libro, "no creo que sea el olvido el que impulse a escribir a estas familias (...) Es compartir con los demás una experiencia inédita que los hace distintos y queribles".

Refugio y desarraigo

Si los árabes permiten seguir un relato lineal que va desde el desencanto hasta la celebración por el nuevo "hogar", los judíos muestran una serie de textos en los que se constata la pérdida en medio del deseo de permanencia. En esta serie, el árbol genealógico y el álbum de familia son fundamentales; y el mirar hacia atrás, una constante. Chile se ve allí como una casa "donde aparecen confundidos el refugio y el desarraigo", dice Rodrigo Cánovas.

La serie judía chilena analizada por él consta de una veintena de textos escritos, en su mayoría, en los últimos años. En ella convergen varias generaciones, desde Beinish Peliowski (1915-2009) hasta Andrea Jeftanovic (1970). El investigador señala que existe un hilo conductor en este conjunto literario: la recreación de la memoria judaica que gira en torno a las diásporas y al Holocausto. Sin embargo, agrega, este relato colectivo no podría representarse como una línea continua: "Sino como una serie de discontinuidades cuyo espacio más amplio sería el acto de recordar y escribir".

Varios de estos relatos corresponden a la experiencia del exilio político de padres e hijos, como el caso de los relatos autobiográficos de Ariel Dorfman, Marjorie Agosín y Roberto Brodsky; a veces, las voces de la generaciones más jóvenes se hacen cargo de la orfandad que cruza a la familia, como en las novelas de Cynthia Rimsky y Andrea Jeftanovic.

Pero también aparecen voces ya mayores que, en el otoño de sus vidas, escriben sobre sus lejanos lugares de origen y su arraigo en un Chile remoto. Es el caso de Gertrudis de Moses (1901-1996), Beinish Peliowski y Sonia Guralnik (1923-2007), quienes revelan una existencia individual y comunitaria en testimonios escritos a fines del siglo XX.

En esta serie se incluye una novela de Guillermo Blanco, un escritor no judío, pero que recoge en Camisa limpia (1989), el juicio seguido por la Santa Inquisición al cirujano Francisco Maldonado, que es condenado a la hoguera en Lima, en 1639, tras haber sido apresado en Chile por no haber querido renegar de sus creencias judías.

El autor de la novela hace una correlación entre esa represión religiosa y las persecuciones políticas que se vivieron en la década en que se publicó el libro. "Desde la mirada del humanismo cristiano, Guillermo Blanco rescata a una figura como la de Maldonado, que lucha por mantener su fe en contra del prejuicio", dice Rodrigo Cánovas.

En la parte final de su libro, el investigador señala que estas letras de emigrantes y sus descendientes nos conectan a nivel existencial con diversas experiencias: "Con los pueblos originarios, con el nuevo destino de las mujeres, con la familia y con la nación, con el exilio político y de retorno a la patria". Además, invita a un diálogo sobre la identidad nacional a partir de estos temas y con las voces de los inmigrantes aún resonando en los oídos de los lectores.