INVESTIGACIÓN

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La TV chilena y su imaginario social

Gabriel Castillo

La TV chilena y su imaginario social

Entre mediados de los 60 y fines de los 70, crecimos mirando en televisión las mismas películas que nuestros padres vieron en el cine 30 años antes. ¿Cómo los ideales que entonces planteaba Hollywood han marcado a varias generaciones? Eso busca responder un equipo de investigadores del Instituto de Estética UC, liderado por el profesor Gabriel Castillo.

No es una situación que sea fácilmente repetible en algún otro punto del planeta. En Chile, entre 1965 y 1978, la televisión estaba recién llegada y, con sus imágenes en blanco y negro, se hacía un espacio en la cultura de masas. Los canales de TV locales estaban empezando a armarse como una industria y no trepidaban en echar mano de las decenas de películas extranjeras estrenadas en décadas anteriores, cuyo costo de exhibición en ese tiempo era muy bajo.

¿Qué resultó de esta coyuntura? Una generación de chilenos –hoy de entre 40 y 50 años de edad– que creció con las películas que sus padres habían visto en el cine varias décadas atrás, las que planteaban una narrativa heroica moderna, centrada en el rol del protagonista y en su gesta. ¿Y qué ocurre cuando, además, estas narraciones le hacen sentido y le provocan identificación a quienes las conocen varias décadas después de su creación? ¿Qué relación tiene este fenómeno con la construcción del imaginario social chileno en la segunda mitad del siglo XX?

El profesor Gabriel Castillo, director del Instituto de Estética UC, se hizo estas preguntas porque él mismo fue uno de estos niños que vio en la pantalla chica, junto a su padre, las mismas películas que a este le habían impactado en el cine de su barrio: cintas de ciencia ficción, de aventuras o de vaqueros, que inspiraron muchos de sus juegos y ensoñaciones.

De ahí surgió el proyecto "El ciclo cinematográfico de la televisión chilena (1965-1980): Estéticas e imaginarios de la reiteración y el desfase", que obtuvo un Fondecyt Regular 2010 y que en tres años de duración se propone, entre otras cosas, conocer las diversas implicancias que tiene esta "repetición" en los planos de la estética y de la reelaboración simbólica en la representación del mundo.

Según afirma el investigador, las funciones narrativas de los filmes del período estudiado son coherentes con el sistema narrativo propio de la representación histórica del Chile de entonces. "Que estuvo marcado por el proyecto desarrollista e ilustrado del Estado educador, que debuta justamente en la década del 30 y que llega a su fin en los años 70", explica.

Los proyectos narrativos que marcaron a ambas generaciones –padres e hijos del período estudiado– tendrían una mayor convergencia que los que se dieron en las posteriores. "Los que tenemos más de 40 años pertenecemos a un mundo donde hay un 'jovencito de la película'. Creemos que hay un ciclo socio-histórico que va a asociado a la admiración por ciertas narrativas heroicas del hemisferio norte", dice Gabriel Castillo.

El investigador relaciona esto con el concepto de un Estado educador y con una sociedad que cree que la movilidad social se da a través de la educación pública. Una en la cual sus héroes son personajes que se proveen su aprendizaje, como Mampato, un niño con mucho de adulto, que lee, estudia y sueña en torno a los distintos períodos de la historia occidental.

"Mampato es un niño chileno que va reproduciendo a su manera las grandes acciones de la historia", explica el académico en relación al personaje creado por Eduardo Armstrong y continuado por el dibujante Themo Lobos a fines de los años 60. "En esa historieta, todos los argumentos de los distintos episodios son réplicas de grandes acciones: los vikingos, el Lejano Oeste, los caballeros del rey Arturo, etc.".

Como Mampato, los niños chilenos de los años 70 jugaban a los vaqueros y reproducían en sus juegos las acciones de los héroes de Hollywood. "Mampato actualiza los mitos fundantes del Estado educador mediante matrices tomadas en su mayoría de la novela heroica y del cine norteamericano", señalan Gabriel Castillo y el coinvestigador de este proyecto, Pablo Corro, en un artículo publicado en 2011 en la Revista de Historia Social y de las Mentalidades.

En el texto, los investigadores ponen un ejemplo de cómo los productos cinematográficos de ese tiempo pueden haber influido en el imaginario colectivo de los chilenos: se trata de la película Men of Boys Town, protagonizada por el actor Spencer Tracy en el rol del padre Flanagan, un sacerdote-héroe que se la juega por crear un centro que reciba a niños y adolescentes delincuentes o abandonados. Estrenada en 1939 y con un enorme éxito de taquilla en nuestro país, esta cinta inspira hoy la siguiente pregunta en Gabriel Castillo: "¿Habría sido tan comprensible la figura del padre Hurtado, creando el Hogar de Cristo pocos años después, si la sociedad chilena no hubiera visto en masa esa película?".

En la publicación, Castillo y Corro lo expresan de la siguiente forma: "Así, la figura del padre Hurtado y la epopeya de la fundación del Hogar de Cristo no solo poseen su antecedente en un contexto teológico institucional asociado ala llamada doctrina social, sino también en un sistema social de imaginario difuso pero eficiente, dispuesto en todos los planos de la acción humana y materializado como una posibilidad, por el cine, en la variante del sacerdote".

En archivos y en la memoria

Las condiciones de exhibición de estos filmes, tres o cuatro décadas después de su estreno, en un blanco y negro que los homogeneizaba, lleva a los investigadores a plantear esta situación como "la construcción de un imaginario social particularmente 'anómalo' y en desfase respecto de las comunidades de televidentes de los países industrializados".

El deseo de entender este "caso anómalo" inspira esta investigación de largo aliento. Su primera etapa es la de acopio del material, de los productos cinematográficos que se exhibieron por televisión entre 1965 y 1980. Además, se recopiló la información con que los diarios y revistas de la época anunciaban la emisión televisiva de estos filmes.

En esos textos se hace patente que lo relevante no era hablar de los cineastas ni del valor cinematográfico de estas películas: lo que importaba era qué estrellas de Hollywood los protagonizaban y cuáles eran las historias que se iban a contar. Gabriel Castillo pone como ejemplo Los Siete Samuráis, una cinta del japonés Akira Kurosawa, considerada una exponente del cine arte, que en las carteleras televisivas de los diarios era presentada como "un western ambientado en Japón".

Otra parte de la investigación es un estudio de opinión en el que se encuesta a 300 personas para conocer los recuerdos y asociaciones que hacen los chilenos en relación a las películas que vieron cuando niños. "Creemos que han influido y que han determinado patrones de identificación", señala el investigador. 


TARDES DE CINE EN SU CASA

El equipo de investigadores, liderado por Gabriel Castillo y Pablo Corro, ha logrado reconstruir toda la cartelera televisiva local de esos años. En 1976 y 1977, por ejemplo, entre los cuatro canales de televisión que existían en Chile, se llegaba a exhibir un promedio de 10 películas al día.