INVESTIGACIÓN

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Preocupados por la formación inicial docente

Soledad Ortuzar y Cristian Cox

Preocupados por la formación inicial docente

A partir de diversas investigaciones de un grupo liderado por el decano de la Facultad de Educación, Cristián Cox, nuestra casa de estudios ha hecho y seguirá haciendo un importante aporte académico a este candente debate.

 

"La tarea de la Universidad es poner reflectores y lupas sobre lo que esta ocurriendo en materia de educación, y luego sistematizarlo y devolvérselo al sistema político para una toma de decisiones que vaya en la línea de resolver el problema. Y en el área de la formación inicial docente, ¡hay una luz roja!".

Vehemencia y pasión salen de las palabras del decano de la Facultad de Educación UC, Cristián Cox, cuando se refiere a la realidad de lo que ha sido una de sus principales áreas de investigación durante los últimos años: cómo se está preparando en las instituciones de educación superior a quienes tienen en sus manos la responsabilidad profesional de formar a los niños y niñas de nuestro país.

Hasta ahora, los resultados de estos trabajos han arrojado una realidad poco alentadora y, además, han dejado ver, entre otras falencias, la falta de control del Estado sobre este tema fundamental, lo que él considera una verdadera "parsimonia política".

Secundado por un equipo interdisciplinario de investigadores –formado por los docentes Lorena Meckes, Carolina Flores, Carolina Milesi y Soledad Ortúzar–, Cristián Cox ha liderado di- versos proyectos en el área de la formación inicial docente, a través de los cuales la Universidad Católica se ha encargado de ir enriqueciendo el conocimiento sobre el tema en nuestro país.

Uno de ellos es "La institucionalidad forma- dora de profesores en Chile en la década del 2000: Velocidad del mercado y la parsimonia de las políticas", realizado por Cox junto a Lo- rena Meckes y Martín Bascopé, que analizó tres dimensiones de la formación inicial docente: instituciones, carreras o programas de estudio, y matrícula.

El análisis de la evolución del sector mostró una verdadera "explosión" tanto en las matrículas como en el número de carreras, lo cual no tiene relación con los requerimientos del sistema escolar sino con dinámicas de crecimiento de la educación superior y movilidad sociocultural de los nuevos grupos que acceden a ésta.

En 2000, la cifra total de estudiantes de pedagogía en las universidades privadas y esta- tales, e institutos profesionales, era de 25 mil estudiantes. En 2008 aumentó a 92 mil, y en 2011 a aproximadamente 120 mil. Según datos del Consejo Superior de Educación, solo entre los años 2002 y 2007 la matrícula de alumnos de primer año en estas carreras se incrementó en un 86%; y en términos de la oferta de programas, existen 195 instituciones de educación superior en Chile, de las cuales 67 imparten algún tipo de pedagogía.

Esto se produjo mientras, en forma paralela, los alumnos matriculados en el sistema escolar se mantuvieron estables, en concordancia con la evolución demográfica del país. Incluso con una tendencia a la baja, pues los chilenos están teniendo menos hijos por familia.

Necesidad de respuestas diferentes

Con fondos del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación UC (Ceppe), Soledad Ortúzar, Carolina Milesi y Carolina Flores, a través del proyecto "Orígenes y destinos en la profesión docente", implementaron y analizaron encuestas a 222 estudiantes de pedagogía en práctica, 2.000 profesores, 249 directores de es- cuelas, 284 jefes de Unidad Técnico Pedagógica (UTP) y a directores de facultades de educación.

¿Uno de los resultados más importantes de este estudio? "Devela una distribución sistemática de profesores y equipos directivos con distintos antecedentes familiares, distinta formación inicial docente, y distintas percepciones acerca de la formación inicial en establecimientos educacionales de distinta dependencia y nivel socioeconómico", señala la investigación.

Según este trabajo, esta distribución acrecienta la desigualdad en educación: profesores y directivos con menor rendimiento educacional, menor nivel de formación inicial docente y percepciones más desfavorables respecto de algunos aspectos clave de su formación, están sistemáticamente sobrerrepresentados en establecimientos educacionales más vulnerables que necesitan, en mayor medida, profesores de alta calidad y desempeño.

"Los resultados son particularmente relevantes para los debates recientes sobre calidad de la formación inicial docente, la persistente desigualdad de rendimiento educacional a nivel primario y secundario, y la capacidad de los establecimientos educacionales vulnerables para atraer y retener a profesores de calidad", des- taca Soledad Ortúzar, ingeniero comercial y magíster en Economía de la Universidad Católica, y Master of Public Administration, School of International and Public Affairs, Columbia University.

La profesora del Instituto de Sociología UC afirma que esto lleva al convencimiento de que "hay que invertir en la educación primaria y secundaria". Y en especial, destaca, esto acrecienta el interés de investigar en el aula, "pues un buen profesor es vital para lograr un cambio radical en el aprendizaje de los alumnos".

A juicio de la académica, en materia de formación inicial docente no ha habido un control de calidad adecuado del currículo y de la formación impartida en los nuevos programas. "Nuestro temor es que nosotros sabemos que esos profesores, que reciben una formación de calidad incierta, van a trabajar precisamente con los niños y niñas que necesitan maestros con una mayor calidad. Es ese el camino que estamos explorando", explica.

"El sistema escolar y la sociedad le exigen a la educación un profesorado bien preparado, para ser capaz de comunicar un currículum más exigente y tener unos aprendizajes de más alto nivel. Entonces, no puede haber un buen Simce, TIMSS ni PISA sin mejores profesores. Y tampoco mejores profesores sin una institucionalidad formadora que sea efectiva. Ante ello, se requiere una respuesta de las políticas mucho más proactiva de lo que muestra su evolución en la última década", enfatiza Cristián Cox.

A juicio del decano de la Facultad de Educación, no hay ningún sistema educacional serio y con buenos resultados que no sea muy cuidadoso en relación a quienes habilita para ser docentes. Y esto quiere decir filtros: "A la entrada –como Finlandia, Singapur y Corea– o al final, como lo hacen los países anglosajones. Chile, hasta hace muy poco, lo que hizo fue abrir la puerta de ingreso a las carreras de educación, sin preocuparse de las consecuencias para el sistema escolar de masificar la matrícula de quienes se preparan para ser profesores".

Por eso, el decano Cox es un convencido de que si no se actúa sobre esto, no se saca nada con arreglar otras dimensiones de la educación, como los temas institucionales y financieros. "Porque en materia de enseñanza, lo que esta puede hacer por el crecimiento de los alumnos debe tener la altura, el ancho y la textura de las capacidades de sus docentes para cumplir con su tarea", destaca el investigador.


APORTE UC

En términos de formación de capital humano, la línea de investigación sobre formación inicial docente se asocia en la Universidad Católica a la tesis doctoral de Pamela Ayala sobre transición al mercado laboral de docentes y a otra de magíster, sobre la coherencia de los programas de formación inicial docente en Chile, de Magdalena Valdés. Además, desde 2008, esta área de trabajo ha servido de guía y contraparte de al menos 10 talleres de titulación de pregrado de Sociología.

Paralelamente, con fondos del Concurso de Políticas Públicas UC, Soledad Ortúzar, Carolina Flores, Carolina Milesi, Magdalena Müller y Pamela Ayala elaboraron una propuesta de un programa de inducción para profesores principiantes. La motivación es que la inserción laboral y el ejercicio docente de los profesores durante los primeros años es clave en su desempeño y experiencia docente en el largo plazo.


PROTAGONISTA DEL CAMBIO

El decano de la Facultad de Educación, Cristián Cox, es sociólogo formado en la Universidad Católica y doctor en Sociología (1984) de la Universidad de Londres. A su trayectoria académica suma la de servicio público: entre 1998 y 2006 dirigió la Unidad de Currículum y Evaluación del Ministerio de Educación, desde donde impulsó una de las reformas más profundas del currículum chileno, que demandó conocimientos y habilidades específicas de parte de los profesores.

Esto incluyó la adecuación del Sistema de Medición de Calidad de la Educación, Simce, que a la tradicional prueba de los conocimientos aprendidos por los estudiantes sumó la evaluación de sus destrezas cognitivas. Fue entonces cuando los problemas de calidad e inequidad de nuestra educación quedaron en evidencia.

Según los resultados, el grueso de los alumnos no estaba logrando los objetivos del currículum y los mejores rendimientos correspondían a los colegios privados y, en algunos casos, a los particulares subvencionados con más dinero. Mientras, los peores puntajes se concentraban en los establecimientos dependientes de las municipalidades y en los subvencionados ubicados en zonas geográficas de menos recursos.