INVESTIGACIÓN

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Protegiendo la biodiversidad marina

Juan Carlos Castilla

Protegiendo la biodiversidad marina

Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2010, Juan Carlos Castilla, ecólogo marino y profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas, supo crear un saber que se aplicó a la política pública y que hoy tiene al país entre los ejemplos mundiales de sustentabilidad de los recursos marinos costeros.

Juan Carlos Castilla dice de sí mismo que es una rara avis en el mundo de la ecología: "A mí me interesa el rol del hombre en todo esto. No entiendo que hagan santuarios naturales lejos de las personas. Creo que los humanos pueden aportar mucho en la conservación de los sistemas marinos".

Su trayectoria como investigador es prueba de ello. Con casi cuatro décadas dedicado a estudiar la sustentabilidad de los recursos de las costas chilenas, su trabajo –realizado codo a codo con los pescadores artesanales– ha dado frutos que hoy son ejemplo en el mundo entero y que lo llevaron a ganar el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2010, entre muchas otras distinciones que ha recibido en el país y en el extranjero.

El conocimiento desarrollado en la Estación Costera de Investigaciones Marinas (Ecim) de Las Cruces, que el profesor Castilla fundó en 1982 desde el Departamento de Ecología UC (Facultad de Ciencias Biológicas), permitió crear un sistema de extracción de los recursos bentónicos del fondo marino que se basa en entregar áreas exclusivas de manejo y explotación de estos a las comunidades de pescadores artesanales.

"Con ello resolvimos la llamada 'Tragedia de los comunes', que indica que lo que es de todos nadie lo cuida", relata. Gracias a la creación de las Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (Amerbs), que ya son cientos en el país, especies exclusivas de Chile –como los locos, las lapas y los erizos, y algunas especies de algas– hoy no están en peligro de extinción pes- quera, como sí ocurrió a mediados de los años 70 con la pesca indiscriminada y de acceso abierto con miras a la exportación.

Apetecidos en los mercados internacionales, estos recursos bentónicos comenzaron a desaparecer de la mesa chilena. Fue entonces cuando Juan Carlos Castilla se propuso estudiar esta situación: "Gracias a los aportes de la fundación canadiense Centro de Investigación para el Desarrollo Internacional, de Conicyt y de la propia UC, detectamos en Las Cruces – balneario del litoral central– un sector representativo de la costa chilena para realizar un experimento: impedir del todo la extracción en el lugar y ver cómo se comportaba el eco- sistema marino sin estar bajo la presión de la pesca. La idea era aprender cómo funcionaba la repoblación natural de este medio, para después crear un modo de manejar esos re- cursos en forma más racional".

En 1982, Castilla y su equipo lograron que la Armada le entregara a la UC una concesión marina de aproximadamente 1 kilómetro de costa por 400 metros mar adentro. "En total, el área era de unas cinco hectáreas de fondo", relata el investigador. Eran los comienzos de la Estación Costera de Investigaciones Marinas (Ecim) y a los dos o tres años de cerrar el lugar a la acción del hombre, cuenta el investigador, "nos dimos cuenta de que los roqueríos y el fondo de mar costero empezaron a repoblarse naturalmente con las distintas especies bentónicas a una tasa mucho mayor de la esperada".

Entonces, recuerda, estuvo frente a dos caminos a seguir: "Seguir investigando para entender cómo funciona el ecosistema marino o, además de eso, empezar a pensar en cómo este conocimiento podría tener un impacto socioeconómico en Chile", señala.

El desafío fue, entonces, tratar de replicar lo de Las Cruces en otros lugares, pero en conjunto con los pescadores y los buzos. "En 1989-1990 ya le habíamos gestionado a un sindicato de pesca- dores la adjudicación de parte del gobierno de un área de extracción exclusiva en Caleta Quintay, diez veces más grande que la de Las Cruces, área en la que la explotación de los recursos ben- tónicos fue decretada sola y exclusivamente para esa comunidad. Además, trabajamos en El Quisco aun sin contar con un área exclusiva. Con ello rompimos el sistema pesquero bentónico de libre acceso en esas dos pequeñas áreas costeras".

Codo a codo

La relación con las comunidades de pescadoras fue virtuosa pues huboo aprendizaje mutuo"No fue difícil trabajar con las comunidades organizadas. En dos o tres años se repitieron los resultados de Las Cruces", cuenta Castilla. Corrían los meses del regreso de la democracia en Chile y se abrió entonces una ventana social que permitió hacer cambios en las leyes. "En 1990 comenzó a escribirse la nueva Ley de Pesca y nosotros ya contábamos con el conocimiento para asesorar en políticas públicas pesqueras", recuerda. La nueva ley apuntó al manejo racional de todos los recursos costeros del país.

Juan Carlos Castilla y su equipo, con sus papers bajo el brazo, fueron activos en informar a la autoridad sobre cómo debían hacerse estos cambios. "Logramos convencerlos de algo fundamental: que se le otorgara a las comunidades de pescadores de Chile, debidamente organizadas, derechos de acceso exclusivo a zonas que se denominaran Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos, por un tiempo determinado y renovable".

Hoy, en Chile, existen cerca de 500 áreas de manejo de este tipo en manos de comunidades de pescadores artesanales debidamente organizadas, las que albergan a unos 22.000 pescadores responsables de sus áreas de pesca, en 1.100 kilómetros cuadrados de costa. "Esta ley, que es considerada un ejemplo a nivel mundial, les asigna también a los pescadores artesanales cinco millas de las costa entre Arica y Puerto Montt", dice Castilla. "Hoy los pescadores artesanales desembarcan al año dos millones de toneladas de recursos marinos. ¿Cuántas toneladas desembarca hoy la pesca industrial al año? Pues lo mismo: dos millones", concluye.

Esta relación con las comunidades de pescadores fue virtuosa, relata el investigador, pues hubo un aprendizaje mutuo después de tantos años de trabajo conjunto. "Hoy puedo decir que sé más de psicología, de sociología y de microeconomía pesquera", confiesa el investigador. Para Castilla, los pescadores son cazadores del mar, es decir, son solitarios, individualistas y lograr que trabajaran en comunidades "fue y es un verdadero desafío", señala.

Después de la experiencia con la Ley de Pesca, lo que ahora desvela a Juan Carlos Castilla es la poca conexión actual entre el creciente saber de los científicos chilenos y las políticas públicas en distintos ámbitos del conocimiento y del desarrollo. Y esto ocurre también, agrega, entre la ciencia y la educación.

"En los últimos 20 años, Chile ha invertido entre 8.000 y 10.000 millones de dólares en investigación, y tiene un gran contingente de cien- tíficos en muchos temas de relevancia mundial. Pero eso no se ve reflejado en las políticas públicas. Hay que hacer esa conexión", sostiene.


APREDER ECOLOGÍA

Juan Carlos Castilla y los investigadores que se formaron con él, como Pablo Marquet y Sergio Navarrete (hoy importantes científicos en el área), han publicado cientos de papers en revistas científicas internacionales entre las que se cuentan Science, Ecology y Proceedings of the National Academy of Science (de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, de la cual Castilla es uno de sus cinco miembros chilenos). En estas publicaciones se ha plasmado gran parte de los descubrimientos sobre la interacción de las especies en el fondo marino costero que se hicieron, desde los años 80, en una de las primeras reservas del mundo con monitoreo continuo: Ecim, en Las Cruces.

Esta experiencia entregó las bases científicas para el establecimiento de áreas marinas protegidas, así como pioneras técnicas de comanejo para la explotación sustentable de recursos marinos. Hoy, la ecología costera al interior de Ecim- Las Cruces es totalmente distinta de la que se observa al exterior de las rejas que las separan. La gran cantidad de locos que se repoblaron naturalmente allí modificaron de manera radical las comunidades que viven entre las mareas.

"Si no se sabe cómo funcionan los ecosistemas y cuáles son las especies claves y críticas, mal se pueden dar consejos de cómo racionalizar su extracción", señala Juan Carlos Castilla


LAS ACTUALES INVESTIGACIONES DE ECIM

La Estación Costera de Investigaciones Marinas (Ecim) desarrolla varios proyectos de investigación en distintos puntos de la costa central y del norte de Chile, entre Antofagasta y Pichilemu. También contempla algunos proyectos en otras zonas como Isla de Pascua, el archipiélago de Juan Fernández y la región de los fiordos.

Dirigida por el profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas Sergio Navarrete, la Ecim cuenta hoy con varias líneas de investigación entre las que destacan el análisis de los distintos procesos físicos (vientos, corrientes, etc.) a gran escala que ocurren en el océano costero y cómo éstos determinan la variabilidad de los patrones biológicos marinos, es decir, se busca explicar por qué existen amplias zonas del océano que son apropiadas para la vida de ciertas especies marinas y otras que no lo son. El estudio de cómo se relacionan estos procesos físicos con la biodiversidad marina contribuye a saber cómo mantener reservas marinas y cómo desarrollar un manejo sustentable de los recursos.

En este contexto, el Center for Marine Conservation –un Núcleo de la Iniciativa Científica Milenio, que agrupa a investigadores de distintas áreas de las ciencias ecológicas, conservación, oceanografía y socioeconomía, albergado en Las Cruces– concentra esfuerzos de investigación interdisciplinarios para la propuesta de alternativas concretas en conservación y manejo sustentable.

En Ecim también se investiga para saber cómo afectarán a los patrones biológicos marinos los cambios climáticos globales, y qué podrá esperarse en ese sentido en las próximas décadas. En un futuro cercano, está en vías de transformarse en un laboratorio de carácter interfacultades, en donde investigadores de todas las áreas de las ciencias al interior de la UC encuentren una plataforma de trabajo en un verdadero Observatorio Cien- tífico para el estudio del océano y borde costero del Pacífico Sur. Además, aspira a crear un acuario marino y centro interactivo en donde se puedan desarrollar programas educacionales sostenidos con alumnos de edad preuniversitaria, contribuyendo así a difundir la importancia de la actividad científica para el desarrollo sustentable de nuestro país.